Hay una realidad que no siempre aparece en las estadísticas ni ocupa grandes titulares: personas mayores que viven solas, que apenas tienen contacto con sus vecinos y que pasan días enteros sin que nadie les pregunte cómo están.
En Tarragona también existe esta realidad.
Y aquí los centros de jubilados, casales de mayores, asociaciones vecinales y centros cívicos tienen un papel fundamental. No son simplemente lugares donde pasar el tiempo. Son espacios de encuentro, compañía, participación y, muchas veces, el primer lugar donde alguien puede detectar que un vecino necesita ayuda.
Por eso debemos cuidarlos y potenciarlos. Necesitamos centros abiertos, actividades, talleres, deporte, cultura y espacios donde nuestros mayores puedan seguir sintiéndose parte activa de sus barrios.
No podemos pensar que la solución pasa únicamente por construir más residencias o crear nuevos servicios. También necesitamos recuperar algo que durante mucho tiempo fue fundamental en nuestros barrios: la comunidad.
Un comercio que conoce a sus clientes, un vecino que pregunta por el otro, una asociación que organiza actividades, un casal lleno de vida. Pequeños gestos que pueden marcar una enorme diferencia.
Las administraciones tienen responsabilidad, pero también la tenemos como sociedad. No podemos aceptar que alguien pueda vivir rodeado de cientos de personas y sentirse completamente solo.
Nuestros mayores no son una carga ni una cifra. Son memoria, experiencia y parte fundamental de lo que somos.
Una ciudad verdaderamente avanzada no es solamente aquella que construye grandes infraestructuras. Es aquella que consigue que nadie se sienta invisible.
Cuidar nuestros barrios también significa cuidar a las personas que los han construido.
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Angel Juárez, presidente de Mare Terra Fundació Mediterrània.




